El cáncer de cuello de útero está provocado por tipos de alto riesgo del virus del papiloma humano (VPH). El VPH puede hacer que las células normales del cuello de útero se conviertan en anómalas y que poco a poco se transformen en un cáncer.
El VPH es muy frecuente; de hecho, en torno a 3 de cada 4 adultos se habrá contagiado con el VPH en algún momento de su vida. La mayor parte de las infecciones por VPH desaparecen por sí solas sin ningún tratamiento. Sin embargo, algunas infecciones no desaparecen y se convierten en crónicas, que son las que pueden causar un cáncer de cuello de útero.
El cáncer de cuello de útero puede prevenirse por medio de una revisión citológica periódica (cribado). El cribado del cuello de útero se utiliza para identificar las células anómalas del cuello de útero que podrían transformarse en un cáncer. Cuando se detectan en una fase precoz, es posible eliminar estas células anómalas y prevenir el cáncer. Las células del cuello de útero anómalas no ocasionan ningún síntoma, por lo que es importante que se someta a un cribado aun cuando se sienta bien. En el cribado del cuello de útero se utilizan dos pruebas:
La citología busca células anómalas que puedan transformarse en un cáncer de cuello de útero. Si se identifican células anómalas, el médico o la enfermera recomendará otras pruebas, como otra citología, un test de VPH o una colposcopia.
El test de VPH busca los tipos de alto riesgo de VPH que pueden provocar la transformación en células anómalas y un cáncer de cuello de útero. El test de VPH puede utilizarse por sí solo o en combinación con la citología en las mujeres de 30 años o más. No se recomienda en el cribado de mujeres menores de 30 años, ya que las infecciones por el VPH son muy frecuentes en las mujeres más jóvenes, si bien la mayor parte de ellas desaparecen por sí solas. No obstante, el test de VPH puede utilizarse para efectuar un seguimiento de una citología anormal en las mujeres menores de 30 años.
Hoy día se dispone de dos vacunas frente al VPH. Ambas previenen la infección por los dos tipos de alto riesgo más frecuentes del VPH, los tipos 16 y 18, que causan la mayor parte de los cánceres de cuello de útero. Se ha comprobado que ambas vacunas son sumamente eficaces en adolescentes y mujeres jóvenes.
Sin embargo, las vacunas no protegen contra todos los tipos de alto riesgo del VPH, de modo que, aunque reducen el riesgo de cáncer de cuello de útero, no lo eliminan. Por consiguiente, incluso las mujeres que han sido vacunadas deben seguir con las revisiones ginecológicas (cribados) para protegerse contra el cáncer de cuello de útero que puede ser provocado por otros tipos de alto riesgo del VPH.